Qué está valorando hoy el mercado laboral, y por qué una trayectoria sólida necesita saber mostrar su vigencia.
Después de más de 20 años trabajando en consultoría, selección y búsqueda de ejecutivos, he tenido la posibilidad de observar el mercado laboral desde distintos lugares: desde las empresas que necesitan incorporar talento, desde profesionales que evalúan un cambio y también desde ejecutivos que, después de muchos años de trayectoria, vuelven a enfrentarse a una búsqueda laboral.
Una parte importante de mi experiencia se ha desarrollado muy cerca de industrias relevantes del sur de Chile —salmonicultura, servicios, logística y empresas proveedoras—, pero los cambios que observo hoy son bastante más amplios. Y hay algo que me parece especialmente interesante: nunca habíamos tenido profesionales con tanta experiencia, conocimiento y especialización y, al mismo tiempo, un mercado que cambia a esta velocidad.
Por eso no creo que la experiencia esté perdiendo valor…. Creo que está cambiando la forma en que las organizaciones la valoran.
Conocer profundamente una industria, haber atravesado distintos ciclos, liderado equipos, tomado decisiones difíciles, enfrentado crisis y aprendido de los errores constituye un capital profesional difícil de reemplazar. Pero hoy las organizaciones agregan otra pregunta: ¿Qué puede hacer este profesional con toda esa experiencia frente a los desafíos actuales y futuros del negocio?
El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial entrega una señal interesante. A partir de la visión de más de 1.000 empleadores, que representan a más de 14 millones de trabajadores en 55 economías, identifica entre las competencias centrales más valoradas el pensamiento analítico (69%), la resiliencia, flexibilidad y agilidad (67%) y el liderazgo e influencia social (61%).
Me parece especialmente relevante porque, en medio de toda la conversación sobre inteligencia artificial, automatización y transformación tecnológica, entre las competencias más valoradas siguen apareciendo capacidades profundamente humanas: pensar, adaptarse, liderar y relacionarse con otros…. y esto es muy consistente con lo que he observado durante años en selección ejecutiva.
Las empresas siguen necesitando experiencia y conocimiento técnico, pero buscan también profesionales capaces de analizar escenarios complejos, tomar decisiones, movilizar equipos, incorporar nuevas herramientas y desenvolverse en contextos de cambio.
No es experiencia v/s juventud. Tampoco experiencia v/s tecnología. Es experiencia más capacidad de adaptación.
A veces veo profesionales con 20, 25 o 30 años de trayectoria preocupados porque sienten que esa experiencia puede jugarles en contra. No comparto esa mirada. Una trayectoria extensa puede aportar criterio, conocimiento, redes, capacidad para anticipar problemas y una comprensión del negocio que solo se construye con tiempo. El desafío aparece cuando toda esa riqueza profesional se presenta únicamente como una sucesión de cargos y responsabilidades.
He visto currículums extensos que cuentan perfectamente dónde trabajó una persona durante los últimos 25 años, pero no necesariamente responden una pregunta mucho más importante: ¿Qué valor puede aportar hoy? …. Ahí creo que debemos cambiar el foco.
Más que enumerar responsabilidades, una trayectoria debería mostrar impacto: qué problemas resolví, qué transformé, qué resultados conseguí, qué equipos desarrollé y qué aprendí.
No se trata de esconder los años. Se trata de darles valor en el presente. Entender dónde tiene valor nuestra experiencia. Este es probablemente uno de los mayores aprendizajes que me han dejado más de dos décadas trabajando en búsqueda ejecutiva. Tendemos a definir nuestra carrera por el último cargo o por la industria en que hemos trabajado. Sin embargo, nuestras competencias pueden ser bastante más transferibles de lo que pensamos.
Un ejecutivo que ha desarrollado gran parte de su trayectoria en una salmonera no necesariamente tiene como único destino otra salmonera. Su conocimiento puede ser tremendamente valioso para una empresa proveedora, tecnológica, logística, industrial o de servicios. Por eso, frente a una transición profesional, cambiaría una pregunta muy habitual: “¿A qué cargos puedo postular?” por otra bastante más estratégica: “¿Dónde tiene mayor valor mi experiencia hoy?” Responderla implica mirar industrias, empresas, competencias transferibles, posiciones equivalentes, redes y necesidades de mercado. Y eso es bastante diferente a simplemente revisar vacantes.
Quienes trabajamos en búsqueda ejecutiva sabemos, además, que una parte de las oportunidades nunca llega a los portales laborales. Muchas posiciones se mueven mediante headhunting, referencias, networking, contactos directos o procesos confidenciales. Por eso creo que uno de los errores más frecuentes cuando una búsqueda se prolonga es comenzar a postular a “cualquier cosa”. Es comprensible. Pero buscar más no siempre significa buscar mejor. A veces, por intentar ampliar las posibilidades, terminamos diluyendo justamente aquello que necesitamos fortalecer: nuestro posicionamiento profesional.
Un profesional puede ser extraordinariamente competente en su trabajo y, sin embargo, no saber cómo moverse en el mercado laboral. Son habilidades diferentes. Y ahí creo que está uno de los desafíos actuales de la empleabilidad: aprender a gestionar también nuestras transiciones profesionales. Entender qué tenemos para ofrecer, reconocer dónde existen oportunidades, activar las redes adecuadas y construir una estrategia antes de simplemente salir a postular.
En este sentido, hay una idea que resume bastante bien mi mirada y con la que partí este artículo: la experiencia no vence, pero tampoco habla por sí sola. Hay que conectarla con lo que las organizaciones necesitan hoy: pensamiento analítico, liderazgo, adaptación, aprendizaje continuo, nuevas herramientas y capacidad para transformar conocimiento acumulado en resultados futuros. Y creo que hay algo todavía más importante: “la experiencia y la capacidad de adaptación no compiten entre sí”. Cuando se combinan, probablemente estamos frente a algunos de los perfiles más valiosos que puede encontrar una organización. Porque las empresas valoran lo que hemos hecho, pero contratan pensando en lo que podremos hacer.